
La del almuerzo sería,de uno de los calurosos del mes de agosto,cuando doc sintió en lo hondo de sus entrañas un inequívoco palpitar,que no era otro que sus jugos gástricos barbotando y pidiendo en qué ocuparse.
Flexionando sus poderosos músculos,levantó su egregia figura y caminó hasta la alacena que,camuflada como un archivador cualquiera,ofrecíase a sus ojos como la alibabesca cueva,tales y tantos eran los tesoros que allí guardaba.Sacando una llave dorada del bolsillo de su bata o jubón,la introdujo en la cerradura,que se abrió con un aceitado chasquido.Descorrió el mamparo y sacó con una mano una mas que mediana bota de vino,por más señas de los buenos de la tierra,y en la otra un curado pernil,y se dispuso a su labor sin tardanza.

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